viernes, 11 de diciembre de 2015

Un día para olvidar

Hoy ha sido el típico día de locos que ha empezado demasiado pronto y en el que todos los astros se han alineado para que yo ahora mismo me encuentre derrengada en el sofá, con un hambre que me comería una vaca rellena de pollos, y los pollos a su vez, rellenos de lo que fuera. Me encanta esta expresión desde el día en que alguien me la dijo hace tantos años que parece que fue en otra vida. 

El caso es que en este momento me hallo muerta de agotamiento y sola, así que he decidido volcar mi asco de día aquí, que para eso es mi "quejario" particular. Bueno, no todo ha sido malo, he de decir que pese al agotamiento me he reído mucho con las ocurrencias de los enanos, (aunque también me hayan sacado mucho de quicio). 

Como decía, hemos empezado muy pronto, a las seis y media pasadas ya estábamos en pie, después de haber dormido bien, salvo por una interrupción menor, de una hora entre la una y las dos, con vomitona de Maya incluida. Lo de interrupción menor era irónico, por si no ha quedado claro. Ayer cuando la recogí de la "guarde" me dijeron que había vomitado, y di fe de ello cuando tras recoger a Enzo, y según la siento en su sillita en el coche, echa todo lo que le quedaba en su rechoncho cuerpecito, como si no hubiera un mañana, con tanta puntería que ni a posta, en toda la tapicería del coche, y entre los huecos de los enganches de los cinturones de seguridad. Yo no se en vuestros coches, pero en el mío ahí hay un agujero negro por donde se cuelan todo tipo de objetos, restos de comida, y desde ayer, también restos de merienda de papilla de frutas. Una delicia, como os podréis imaginar. 

Vuelvo a esta mañana, que voy por los cerros de Úbeda. El caso es que me disponía a llevarla al médico, porque alguien me dijo una vez en un tono muy tétrico, que gastroenteritis con fiebre, igual a mal asunto; y yo, cual madre primeriza hipocondríaca, a las ocho de la mañana ya estaba en el médico para que me dijeran lo que ya sabíamos. Dieta normal, (dentro del sentido común de no plantarle unas lentejas a una niña de menos de dos años con gastroenteritis), mucha hidratación, y pá casa. 

Por suerte mi hermano se podía quedar con ella, porque a mi ya me parecía un "cantazo" escribir a mi jefe para quedarme en casa otro día más por no poder llevar a los niños a cole por enfermedad, si no del uno, de la otra. Total que a las diez de la mañana ya estaba sentada en mi sitio estresada perdida, con unas ojeras de oso panda y sudando como un pollo de tanto ajetreo entre el médico, colocar a la niña, y llegar a la oficina. 

La tarde ha sido mucho más light, ¡dónde va a parar! Como ayer la operación "hacer la compra" se vio salpicada, literalmente, por la cuarta vomitona de Maya en el día, la pospusimos para hoy, y en pleno Mercadona, a mitad de la recolección de los productos, me suelta la mona, -CACCAAA-. Os pongo en situación, Maya está aprendiendo a hablar, así que dice pocas cosas, como "mamá", "papá", "guauguau, "agua" y poco más. Bueno, y "caca", lo dice con una nitidez pasmosa. Así que allí se ha parado con su cesta con ruedas que ella lleva a modo de carro, me ha soltado la perlita, y se ha puesto en posición de embarazada en plenas contracciones, a hacer sus cositas, bajo la mirada del resto de las personas que estaban como nosotros haciendo su compra. Por si a mi no me había quedado claro qué era lo que hacía, entre empujoncito y empujoncito me miraba muy seria y me repetía -CACCAAA-. Yo he esperado pacientemente hasta que ha terminado, ha vuelto a coger su carro y hemos seguido hasta que después de pagar hemos podido salir al baño, (bendito sea el que pensó en poner baños en el Mercadona), y aquí se ha armado la marimorena. No voy a entrar en más detalles, os podéis hacer a la idea con que os diga que he tenido que cambiarle hasta los calcetines. 

El resto de la tarde en casa se ha desarrollado con relativa calma entre Mickey Mouse, el baño y la cena, hasta que ha llegado la hora de irse a dormir, y para acostarlos a los dos a la vez, he acabado intentando explicarle a mi hijo de tres años, por qué mamá no se podía desdoblar en dos para poder quedarme con los dos a la vez mientras se dormían en habitaciones separadas. Al pobre más que convencerle le he debido aburrir y se ha quedado dormidito en dos minutos, esperando a que volviera a verle después de dormir a Maya. 

Todo esto sin macho alfa, claro, si no la menda no se encontraría en este estado de abandono. Él estaba en su comida de navidad con la empresa. Pero es que estas cosas suelen pasar, cuando sólo está uno de los dos, sin el backup del otro 50% del equipo. Los niños lo saben, lo huelen, así que sólo queda una, y es mantener los nervios muy fríos y be water my friend porque si no te transmutas en la loca de los gatos y corres el riesgo de que se te presenten los señores de los asuntos sociales en casa. Ha sido el típico día en el que de haber llegado él a su hora habitual, le hubiera abierto la puerta con los brazos abiertos de par en par, y le hubiera dicho, mira, estos son tus hijos, los que están sentaditos cenando, te los dejo, que yo me voy a trotar un poco, (a lo que hago últimamente no se le puede llamar correr ni de lejos), vuelvo en una hora. Yo también te quiero! sayonara! Pero no ha podido ser, c´est la vie!

La verdad es que desde que estoy en modo Zen llevo mucho mejor estas cosas, lo que no quita para que me dejen agotada física y mentalmente, pero el "durante" no me estresa tanto como antes.

Pero no me enrollo más, que estoy agotada y solo quiero arrastrarme a la cama y dejarme morir allí hasta que mañana toquen diana a las 8 de la mañana. 

¡Buenas noches!


lunes, 16 de noviembre de 2015

Be Human and pray por Humanity

Pray for Paris. Es la frase que se ve en tantos perfiles de Facebook, con la foto de la persona tamizada con un filtro con los colores de la bandera francesa. Símbolos de la paz mezclados con la silueta de la Torre Eiffel proliferan por las redes sociales. Y todos queremos solidarizarnos con los franceses, que el pasado viernes sufrieron el peor atentado terrorista de su historia. No nos quedamos impasibles ante el dolor y la muerte de personas inocentes, nos reivindicamos, a nuestra manera, que es cambiando el estatus del Facebook, o escribiendo esta reflexión. Después de todo no podemos hacer mucho más desde nuestras acomodadas vidas, ¿no?, quiero decir, no vas a enrolarte en el ejército para irte a luchar al frente contra unos u otros salvajes.

Pero la cuestión es, ¿quién reza por el resto de gente que se muere y no sale en las noticias? Nos revuelve la conciencia un hecho devastador como es este, igual que nos la revolvió en su día la foto del niño refugiado tirado en la arena. Y entonces todo el mundo se volcó con los refugiados, pero nadie se pregunta cuántos niños más seguían y siguen muriendo cada día; cuántas personas más siguen muriendo en ataques bomba suicidas o no suicidas en mercados, en escuelas, en universidades… y todo ¿por qué?, ¿por religión?
Que cada uno crea en lo que le de la real gana, y deje en paz al prójimo. Se supone que la libertad de uno termina donde empieza la libertad del otro, pues déjame a mí que crea en lo que me salga de las narices, igual que a mí me da igual que tú vayas a misa los domingos, que reces 5 veces al día mirando a la Meca, o que no enciendas la televisión los sábados, porque tu dios te dice que es pecado. Mientras no pretendas que yo haga lo mismo, poco me importa. Yo no creo en ningún dios, porque no puedo imaginarme un ser superior que permita las atrocidades de las que no queremos ni si quiera oír hablar. 

Por supuesto, no vamos a ser tan ingenuos como para no saber con qué aderezo va esta salsa, que agitada pero no revuelta con motivos políticos y económicos, nos da el coctel molotov que es nuestro mundo hoy en día. Qué pena. Le dan ganas a una de irse de ermitaña a vivir a un pueblo perdido en el culo del mundo. Tiene una miedo de traer hijos a este mundo de mierda.

Me vais a perdonar que me haya levantado con esta reflexión tan gris hoy, pero es que da miedo como funcionamos las personas, cuánto más avanzamos en unas cosas, más bárbaros nos volvemos en otras. Tenemos smartphones, tablets, coches que conducen casi solos, y por otro lado padecemos una absurda cruzada creada por los intereses económicos  y políticos de quienes se hacen llamar gobernantes y representantes del pueblo. Qué falacia. Y no hace falta irnos a conflictos a tan gran escala, sólo hace falta echar un ojo al periódico para ver noticias a cuál más trágica de mujeres esclavizadas sexualmente, o que mueren a manos de las personas que decían amarlas, hijos que mueren a manos de sus padres, animales que mueren a manos de las personas, que se supone deberían cuidarlos. ¿Personas?. La primera definición según la Rae de la palabra Persona es: "Individuo de la especie humana", y es irónico que buscando "humanity" en imágenes de Google, gran parte de las imágenes sean dantescas. 


En fin, que me gusta eso de Pray for Paris, pero me gusta más esta otra frase que he visto de Be Human and Pray for Humanity. Recemos, o pidamos, o pensemos, o esperemos, que la humanidad que parece que brilla por su ausencia, vuelva pronto para quedarse.


Pray for Paris. Is one of the sentences posted these past days on Facebook, with people´s profile picture covered by a French flag. Peace symbols mixed with the Eiffel Tower silhouette proliferate through the social media. And all of us want to support the French people, which last Friday 13th suffered the worst terrorist attack on their history. We won’t stay impassible at the suffering and death of innocent people. We claim, on our own ways that are changing our Facebook status, or writing this small reflection.  What can we do after all? Living comfortably our accommodate life; I mean, we are not going to join the army and go to fight against one or another crazy and savage group, aren´t we?

But the question is, who´s going to pray for the rest of the people that die and does not appear on the news? We are moved by terrible events, same as we were moved by that picture of that kid lying on the sand of that beach. Everybody started to care and try to help the refugees back then. But today no one ask themselves how many more kids are dying every day; how many people still die on terrorist attacks in markets, schools, universities… and why?, because of religion?

Everyone should be free to believe in whatever they want, and leave the fellow man to believe what he wants as well. My freedom ends where your freedom begins, so let me live my life believing what I wish, the same way as I don´t care if you go to mass on Sundays, pray 5 times a day looking at the Mecca, or don´t turn on your TV on Sundays because your God tell that is a sin. I don´t care about it, as long as you don’t want me to necessarily do the same.  

I am not a religious person; I cannot imagine any superior being allowing so much suffering to his beloved sons.

We are not so naive to ignore this cocktail is shaken and stirred with political and economic interests, which gives us the bomb ready to explode that is our world nowadays. What a pity. I feel like running away to live in the mountains on the smallest town away of the civilization.  I fear to bring children to this world of crap.    

Sorry about this grey thinking of today, but I am frightened every time I think about how we people act; the farther we go with some things, the more barbarian we go with the others.
We try to find water on Mars, and we can´t give potable water to every human on Earth. We use smartphones, tables, intelligent cars that drive by their own, and in the other hand we suffer a senseless crusade, created by the authorities and politicians and representative of the people. What a fallacy. And we don´t need to go that far as to a global scale conflict, we just have to give a look to the newspaper to see sexual abused and slaved women, or those who die by the hands of the people who said that they loved them; kids killed by their own parents; or animals killed by the people who were supposed to take care of them. People means a group of persons, and person is supposed to be a human being; how ironic is that when you google “humanity”, the images on the first page of the results are beyond awful.

So to end this post, I would like to say I like that of “Pray for Paris”, but I like better this other one, “Pray for Humanity”. So let´s pray, or ask for, or think of, or wait for the humanity that we are lacking so much, comes back anytime soon to stay for good. 
  

viernes, 13 de noviembre de 2015

Planes con niños - Visita al castillo de los Mendoza

El pasado finde disfrutamos en Madrid de un día extra de descanso, (¿descanso?), con la fiesta de la Almudena, que cayó en lunes. Así que como los que somos padres de niños pequeños, madrugamos igual que si fuera lunes o miércoles, nos ha cundido el fin de semana largo lo que no está escrito!

Hago una pausa aquí para que alguien me explique la razón por la que a los niños hay que arrancarlos de la cama a las 8 menos cuarto de la mañana entre semana, y no hay manera de que abran el ojo, y lloran y remolonean como si los estuvieras despertando a las 5 de la mañana a toque de corneta; y los sábados y domingos a las 7 están como clavos al pie de la cama, y más despiertos que George Clooney en el rodaje de un anuncio de Nespresso, (What else?), reclamando actividad, actividad, actividad… y tú echando cálculos mentales de si en algún momento de la noche has conseguido hacer un solo ciclo de sueño completo… - La respuesta es no, deja de calcular-.

En fin, como os decía, el finde largo ha dado para mucho, y con un tiempazo que invitaba a tirarse a la calle, no hemos querido ser menos, así que hoy os dejo con el plan que hicimos uno de los días, apto para hacer con o sin niños: visita al castillo de los Mendoza, en Manzanares el Real, a un paso de Madrid. Para comer, cocido madrileño de tomapanymoja, y para terminar paseo por el embalse de Santillana.


A la llegada a Manzanares el Real podéis dejar el coche en uno de los aparcamientos gratuitos que quedan a la izquierda de la carretera si llegas desde Madrid por la carretera de Colmenar. De ahí al castillo son 5 minutos andando. 

El castillo de los Mendoza es un castillo-fortaleza del siglo XV. Y es uno de los mejor conservados de España. La verdad es que está totalmente enfocado a las visitas, que son a determinadas horas y tienen una duración aproximadamente de una hora. Eso sí, tened en cuenta estos horarios, porque hasta que no llega la hora, no se puede acceder al interior del castillo, y si vais con peques, os podéis imaginar lo que puede suponer ese rato de espera con la excitación que les produce estar en un castillo de verdad, con princesas y dragones y todas las cosas que pasan por sus cabecitas pensantes, y la frustración de estar en la puerta y no poder entrar… no lo recomiendo. Otra cosa a tener en cuenta si vais con niños pequeños, es que dejéis el carro en el guardarropa que hay en la propia taquilla. El castillo tiene múltiples tramos de escaleras, así como una escalera de caracol bastante estrecha, para este último tramo hay un ascensor alternativo, pero igualmente para el resto, los peques casi mejor en mochila o a pata.

Las vistas del embalse desde el castillo son espectaculares.


Para comer, a escasos 5 minutos desde el castillo, fuimos a Casa Marga.  Una taberna de toda la vida donde preparan el cocido de forma tradicional, en puchero de barro. 
Riquísimo. Eso sí, hay que reservar previamente. Y no comer el día de antes, porque las cantidades son tremendas.


Para bajar el cocido, (y los postres caseros que por supuesto cayeron después), nos dimos una vuelta por el embalse de Santillana. Los niños se lo pasaron de miedo tirando tierra y piedras al embalse. La orilla donde estuvimos, con el nivel tan bajo, era lo más parecido a una playa sin olas, así que no había peligro, más que de chapuzón.  Yo también me lo pasé de miedo (pero miedo del de verdad), temiendo que cualquiera de ellos se nos fuera de cabeza al agua con el ímpetu con el que tiraban las piedras. Enzo podría perfectamente ser piedrolari. 




En resumen, ¡un día redondo! ¡Feliz viernes! 







miércoles, 14 de octubre de 2015

Cómo sobrevivir a las rabietas sin morir en el intento

Mi pequeño se hace mayor. Acaba de cumplir tres años y ya está en su “primera adolescencia”, y lo mismo está tan gracioso y ocurrente que te lo comes a besos y abrazos, que se le tuerce el cable y mejor te vas de la habitación porque te dan ganas de no sé ni de qué.

Ya sé que es la edad, que a todos les pasa, que es normal, bla bla bla. Pero es agotador. Es agotador estar todo el santo día con esa doble psicología de hacer todo de tal manera que le des la vuelta a la tortilla para que se le olvide que se ha enfadado por literalmente cualquier cosa. Es agotador que cuando le da el punto, su respuesta es NO! Para TODO, incluso cuando quiere decir SI!. Se vuelve un pequeño personaje bipolar que no tiene muy claro lo que quiere, y manifiesta su enfado en tonos de soprano y abriendo la boca como un buzón.  

Por lo general todo esto no me afecta demasiado, ya sea en el súper mercado, en la calle, en la puerta del colegio, me da lo mismo que me monte el pollo y a estas alturas del partido me afectan poco o nada las miradas ajenas, especialmente las de reproche que parecen decirme “mírala, menuda madre, que deja que su hijo llore sin parar”. Solo me quedo con las de complicidad, las de las madres que te dicen con los ojos “a mí me ha pasado lo mismito esta mañana porque quería la camiseta roja y yo le iba a poner la azul”.

Pues sí, le dejo llorar, le dejo llorar lo que le dé la gana cuando se enfada en la puerta de su clase y hacemos el camino hasta el coche aparcado en doble fila a 25 metros, yo con Maya en brazos para que no se me escape corriendo, (doy el dato de que pesa 12 kilos), y Enzo tirándome de la chaqueta y gritando como si le estuvieran matando. Y le dejo llorar porque después de intentar convencerle de que esa sudadera de H&M igual que la suya, no es la suya, sino de otro niño de la clase, (porque los 27 parecen usar las mismas sudaderas); pero que estoy segura de que no es la suya porque esta es tan pequeña que le queda como una torera con manga francesa, y que por toda respuesta tenga un NO, NO, NO, NO, NOOOOOO! cada vez más en bucle, la paciencia tiene un límite, y mis explicaciones le entran por un oído y le salen por el otro, así que no me queda más remedio que hacer como si todo fuera normal, y continuar con la rutina.
En este caso fue llegar al coche, sentarse en su silla y ver su coche de Rayo McQueen en el asiento y pasársele el mosqueo en dos segundos.

El otro día probé a hacer lo de ese famoso anuncio, de patatas fritas creo que era, en el que en previsión de pollo inminente, la madre contraataca montándole el pollo al niño en pleno súper mercado y tirándose al suelo a patalear. Sin duda la mejor defensa es un buen ataque. Yo no me vi con narices de tirarme al suelo del colegio el otro día, pero un par de días después sí que me tiré al suelo de casa y me puse a imitarle. Primero se quedó a cuadros, y luego se empezó a reír de mí directamente. Bueno, en ese momento logré mi objetivo que era evitar el pollo y cenar en relativa calma. Otras veces no me salgo con la mía y acabamos entrando en barrena, pero parece que poco a poco lo vamos llevando mejor.

Después de ir el año pasado a unas charlas de lo más interesantes de Escuela de Padres, me aprendí muy bien la lección de “las rabietas” y parece que hay dos cosas bastante claras respecto al tema, una es que hay que pasarlas. Aprender a gestionar la frustración que les produce a los niños los distintos “contratiempos” que se les presentan en el camino es algo vital. Otra es que durante las rabietas, no se puede educar, por mucho que te empeñes en explicarle que no se grita, que no se piden las cosas así, el durante no es el tiempo adecuado para hacerlo. Después, con calma, lo que quieras.

Y a su vez hay dos vertientes bastante divergentes respecto al tema de cómo abordarlas, (me refiero cuando ya han entrado en barrena y la “táctica de la distracción” no ha dado el resultado esperado). Una es intentar contenerle a base de abrazos, besos, palabras tranquilas, etc, hasta que el tiempo pase y se tranquilice y su cerebro vuelva a hacer “click” y termine la pataleta. Otra es dar espacio, poner distancia de por medio asegurando que allí estaremos cuando se le pase el enfado, que mamá le espera en el salón o donde sea para cuando él ya no esté disgustado.

En mi caso la primera nunca me ha funcionado, y en parte lo encuentro lógico. Si yo me enfadase con una persona porque me ha hecho algo, me parecería bien que viniera y me pidiera perdón o que me hablara un momento en tono conciliador, y luego ya, cuando se me pasase mi mosqueo, ya iría yo a que me dieran besos y abrazos, si me apeteciese. Pero me molestaría enormemente que me atosigaran de esa forma mientras estuviera enfadada. Estoy enfadada y quiero estar sola, punto, fin de la historia. Pues a Enzo le pasa un poco eso, de hecho nos dice que nos vayamos de su habitación él mismo cuando se enfada mucho.

¿Mi consejo? como siempre digo, cada niño es un mundo y cada madre o padre lo gestionamos lo mejor que podemos en cada situación. Lo que a mi me funciona con Enzo igual es lo contrario que me funcionará con Maya, que también apunta maneras... sobre todo, calma, porque si ya de por sí es complicado con el niño perdiendo los papeles, imaginaos el cuadro si todos acabáis igual. Y me parafraseo a mi misma más arriba, "hay que pasar por ello, es la edad, a todos les pasa, bla bla bla"... quedaros con la calma, (en la medida de lo sano y posible). 

Para mí lo importante es que vamos mejorando. Él poco a poco va siendo más capaz de explicar sus enfados, de decirnos como os comentaba, que quiere estar solo; que se ha enfadado por eso, o por lo otro, o decirte incluso que “es que se ha puesto un poco nervioso”. Y poco a poco es más fácil lidiar con ellas, porque al menos sabes de dónde viene el enfado.

En fin… que para mí está siendo todo un ejercicio de paciencia y mano izquierda, que a veces no sabía ni que podía llegar a tener; para los que dicen no sé muy bien basándose en qué, que yo me exalto con facilidad, JA! no me habéis visto lidiando con mi hijo, soy una balsita de aceite, (la mayoría de las veces). Por no decir que mis dotes diplomáticas están mejorando a pasos agigantados.


¿Y vosotros?, ¿cómo gestionáis las rabietas? ¡Feliz miércoles!

viernes, 25 de septiembre de 2015

Refugiados

Llevo varios días dándole vueltas a este post, no es un post gracioso, no es un post simpaticón, para leer en cinco minutos rápidos, y a medida que escribo sigo sin tener muy claro cómo abordarlo, sin saber cómo volcar todo esto que llevo dentro desde que hace tres semanas se me partiera el corazón al ver la foto, esa dichosa foto, que no pienso poner aquí, porque todos sabemos de qué foto hablo. Un niño en la playa, que no está haciendo un castillo, no está bañándose en el mar, o corriendo para que las olas no lo alcancen. Esa foto.

He visto esa foto tres veces. Las tres veces he llorado visualizando a mis hijos en esa situación. A moco tendido, cada vez más que la vez anterior, sin saber qué hacer ni como parar de llorar. Con una sensación de pena y de injusticia que me reconcome y con la que no sé muy bien como convivir. 

Personas contadas por cientos de miles que intentan salir de un país porque lo único que les queda, que es su vida, corre peligro. Leí declaraciones de algún insensato diciendo que el padre de la criatura había sido avaricioso y por eso su hijo estaba muerto en esa playa. Valiente mamarracho. Dudo mucho que la avaricia me llevara a meter a mis hijos de tres años en una barcaza atestada para cruzar un mar sin chalecos salvavidas, sin nada más que el miedo a que me matasen lo que más quiero en esta vida.

Oigo opiniones dispares, gente que quiere ayudar pero que no quiere que de repente haya 50.000 personas más intentando conseguir un trabajo con lo poco que hay ya en España. Otros dicen abiertamente que vienen a robarnos el trabajo. Como si fueran a quitarte a ti de tu puesto de trabajo de una patada en el culo para dárselo a un refugiado según entrase por la frontera. Quizá es así, quizá aquí ya “somos muchos”, pero por un momento sólo, si somos capaces de ponernos en su pellejo, si somos capaces de atisbar lo que debe ser el horror cuando lo tienes delante, no me digáis que no correríais con lo puesto y pondríais tierra, mar o lo que sea de por medio. Imaginad que en el siguiente país os reciben con alambradas de espinos, como si fueseis criminales; con gases lacrimógenos y disparos de pelotas de goma, como si fueseis unos vándalos liándola parda en alguna manifestación. Y tú con tu bebé de cinco días que ha nacido en una barcaza que ha tenido suerte y ha llegado a tierra. O con tus niños en brazos andando durante kilómetros para llegar al siguiente país.

Quizá como madre ver esta cruda realidad me afecta más, al fin y al cabo la guerra lleva ya varios años y parece que nos acordamos todos ahora de los refugiados Sirios. Puede ser, el caso es que algo ha hecho “click” por fin en nuestras cabezas. Aunque el detonante haya sido esa foto dantesca que ahora todos tenemos grabada a fuego.
Como decía un chaval en un video que ha dado la vuelta al mundo, “Yo no quiero estar aquí, lo que quiero es que acaben la guerra para poder volver a mi país”. Por supuesto todo empieza por acabar esa maldita guerra que como muchas otras ya dura demasiado tiempo. Y aquí es cuando nos damos de boca contra los putos intereses políticos y económicos de los jefes del mundo. Que injusto. Menudo mundo de mierda es a veces éste en el que vivimos.

Por suerte cuando algo nos da una hostia de realidad tan grande, también saca lo mejor de nosotros, nuestra solidaridad y empatía más inmensas. Parece que lo peor de unos seres humanos hace aflorar lo mejor de otros. Qué ironía.

El caso es que surgen movimientos de ayuda, apoyo, iniciativas solidarias para recaudar fondos, y demás, para que esa gente que está yendo de un lado a otro, tenga unas condiciones un poco menos duras al llegar al siguiente campamento, o a la siguiente estación de tren, o al país que lo acoja. O medicamentos en una ciudad donde se destruye lo destruido cada día, o simplemente mantas para no morir de frío.

En este caso os hablo de varias iniciativas que me han encantado.

La primera es En tu Piel, llevada a cabo por El Club de las Malasmadres, que junto con Cenas Adivina y El Taller de las Cosas Bonitas, han creado el primer reto #entupielRefugiado para ayudar a los refugiados de Siria. La cita es el día 3 de octubre en Grey Elephant, Madrid, con talleres infantiles, charlas y un mercadillo benéfico (donde además de caer en alguna tentación, puedes donar aquella chaqueta que te compraste y que aún cuelga en una percha en el fondo de tu armario con la etiqueta puesta). Todo lo recaudado irá a CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Puedes comprar tu entrada a través de la página TicketeaY si no puedes venir puedes hacer tu pequeña colaboración comprando tu entrada en fila cero. Aquí os dejo el programa para el evento. 


La segunda es a través de La Casa de Carlota, un estudio de diseño genial donde los haya, en cuya tienda sus productos sirven para ayudar a muchos, entre ellos a los refugiados, a través de esta camiseta con la Bandera de los Refugiados, del proyecto Citizen Refugees Project, con la colaboración de Save the Children. 


Por otro lado, ilustradores varios se han puesto también manos a la obra (de arte) para traernos distintas láminas cuyos beneficios también irán destinados a los refugiados. Esta de Hermano Gato (10€), o esta otra descargable de El Perro de Papel (5 €) son preciosas. 

  
Y por último esta iniciativa me ha parecido muy curiosa, La Manta de la Vida, que cuenta ya con más de 2.000 personas que tejen voluntariamente mantas para enviar a Siria de cara al invierno.

Me despido con la definición de “Refugiado” según la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados: 

"Una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento y es incapaz, o, debido a tal miedo, no está dispuesto a servirse de la protección de aquel país; o de quien, por no tener nacionalidad y estar fuera del país de su antigua residencia habitual como resultado de tales eventos, es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesto a volver a éste".

Resumiendo en tres palabras, personas con miedo. Ayudémoslas. Porque por suerte cada aportación, ayuda, por muy insignificante que la creamos.

Granito a granito se hace una montaña.

¡Feliz viernes!